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Cribado del cáncer de mama 3 Diciembre, 2009

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          A mi regreso de Estado Unidos a finales de noviembre y habiendo visto el acalorado debate que han suscitado las recomendaciones hechas por expertos de los servicios de medicina preventiva de Estados Unidos para que el cribado mamográfico se realice bienalmente y sólo a mujeres a partir los 50 años, quisiera desde este foro hacer algunas consideraciones respecto a un artículo sobre este mismo tema que apareció publicado en la sección de SALUD del diario el MUNDO del día 26/11/2009.

          En dicho artículo se dice que numerosos países tienen programas de cribado del cáncer de mama mediante mamografía antes de los 50 años y otros no, lo que parece indicar que existen controversias respecto a la efectividad de la mamografía como técnica de diagnóstico, aunque esto no sea así. Lo que realmente ha sido objeto de debate es si la relación riesgo beneficio, hace aconsejable realizar el cribado mamográfico anual desde los 40 años o no y más ahora, porque como explica la columnista, los expertos de los servicios de medicina preventiva de Estados Unidos (USPSTF, sus siglas en inglés) han anunciado un cambio en las recomendaciones vigentes en su país. Pues miren señores, esto dicho así, en mi opinión, es una soberana majadería y sino que se lo pregunten a las miles o millones de mujeres afectadas por un cáncer de mama que han sido diagnosticadas mediante mamografía rutinaria antes de los 50 años.

          El susodicho, aunque no muy numeroso, grupo de expertos en medicina preventiva (no más de 20 sabios, si mal no recuerdo), después de revisar los datos de seis trabajos médicos independientes (no seiscientos, no, no, seis y todos de ámbito doméstico) y en pleno debate en el senado sobre la propuesta del presidente Obama para reformar el MEDICARE y universalizar la prestación de asistencia médica, beneficiando a más de 41 millones de norteamericanos que hoy carecen de ella (aunque yo, por supuesto, estoy casi seguro que este puntual hecho es fruto de la más caprichosa casualidad), han decidido recomendar reducir el número de mamografías y retrasar la edad de inicio del cribados.

        La recomendación establece que el cribado mamográfico cada dos años mantiene el 81 % de los beneficios del anual (faltaría más, miren que si ahora nos dicen que además lo disminuye), pero con menos perjuicios ya que se obtiene menos falsos positivos y yo pregunto ¿lo realmente perjudicial es qué se obtengan casi la mitad de falsos positivos o que no busquemos los verdaderos positivos? porque como ya sabemos cuanto más temprano el diagnóstico mejor pronóstico.

           El grupo de expertos dice que al tener menos falsos positivos se disminuye el sobrediagnóstico (jo, que tíos, con lo obvio que esto parece y nosotros sin percatarnos), que se hacen menos biopsias innecesarias (también obvio) y que se disminuye la ansiedad de la paciente (y he ahí el tema, créanme que eso de la ansiedad en Estados Unidos sí es realmente un problema de salud). Añaden demás, que cada 1.000 mujeres de 40 años que se hacen mamografías, se detectan 2 casos de cáncer por cada 98 falsos positivos. Es decir, que hay que hacer 500 para detectar un sólo caso de cáncer (caramba que contrariedad). Pero según el comité, el no va más de las contrariedades para las mujeres Norteamericanas de 40 años hoy no parece ser poner de manifiesto un cáncer, sino el que se deba realizar otras pruebas diagnósticas (algunas de ellas tan incómodas como una ecografía mamaria, una resonancia o las terribles biopsias por aspiración o biopsias abiertas, me da igual). Pues miren señores, esto en España no es así, aquí primero no solemos dar falsas malas noticias, aquí si hay alguna dudas diagnósticas se informa a la afectada sobre la necesidad de complementar su estudio y aún aceptando que esto podría demorar el diagnóstico definitivo hasta un mes y que durante ese tiempo se podría generar cierto grado de ansiedad en ella, si a nuestras pacientes les diéramos oportunidad de elegir, estoy completamente seguro que preferirían hacerse una biopsia a tener un cáncer de mama y no haberlo detectado precozmente.

        No se que habrá querido decir el doctor Miguel Martín (por quien profeso admiración profesional y afecto personal) a la entrevistadora, pero si bien es cierto, como él dice,  que en la mayoría de los casos de los tumores mamarios crecen despacio, no es menos cierto que los tumores antes de la menopausia (normalmente mujeres menores de 50 años) suelen tener un comportamiento peor, ya que muestran mucha más agresividad y crecen y se diseminan más rápidamente. Por eso se recomienda la mamografía anual.

           A vueltas con las estadísticas, los expertos norteamericanos nos indican que hasta los 49 años hay menos casos de cáncer de mama (un 20% del total) y yo les pregunto ¿es qué el 20 % les parece poco?. Dicen que este porcentaje de mujeres no se beneficiará de la realización mamografía ya que las mamas son más densas y un tumor pequeño, resulta más difícil de detectar (Vale, vale, ya lo entiendo…, como las mamas son densas no hagamos mamografías…, esperemos que el tumor sea lo suficientemente grande como para hacerse palpable ya que entonces puede detectarse mejor).

           Ya sabíamos que la mamografía en jóvenes es una prueba menos sensible, pero lo que ya no me parece tan razonable es la observación de que valorando el balance entre los beneficios, los perjuicios y los costes no se deba realizar. Si los costes, como parece, son el meollo de las recomendaciones en cuestión, no nos confundan señores y no extrapolemos. Yo sin querer hacer proselitismo de nuestro sistema de salud (válgame Dios queridos republicanos), sistema de salud por cierto cada vez es más deficitario, al día de hoy y manejando nuestros recursos, adecuándonos a nuestros costes (no olvidemos que el sueldo de un galeno español no se parece en nada al de un norteamericano, lo hace que coste del diagnóstico también sea infinitamente menor) y asumiendo, como muy bien argumentaba la articulista, que es el médico (único responsable) quienes deben valorar cada caso e indicar la mamografía,  aún a riesgo de que en esta sala de coros sea el único que desafine, dejad que me posicione y manifieste que yo ya hoy (no mañana) he olvidado estas estériles recomendaciones y evitare el dejar de diagnosticar un cáncer en cualquiera se de mis pacientes, con independencia de su edad, aunque esto suponga mayores costes o transitoriamente les genere algo más de ansiedad.

La testosterona en la mujer 3 Octubre, 2009

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Según un estudio de las Universidades de Chicago y Northwestern publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los niveles de testosterona, determinan el grado de riesgo que la mujer puede estar dispuesta a correr.

 Ya se sabía que el nivel de esta hormona era responsable de muchas diferencias sociales y biológicas entre hombres y mujeres y que en cada sexo influía en determinados comportamientos frente al miedo, el juego o el consumo de alcohol, pero no se había sido estudiado el impacto de la testosterona en las diferencias a la hora de correr riesgos en el ámbito laboral.

En este trabajo, se tomaron muestras de saliva a más de 500 estudiantes de un master de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago para medir sus niveles de testosterona y se les realizó un cuestionario, comprobándose que el 57 % de los hombres elegirían trabajos financieros de más riesgo, como la banca de inversión o comercio, frente al 36 % de ellas. Las mujeres con los niveles más altos de testosterona se asociaban a un mayor gusto por trabajos arriesgados. En hombres y mujeres con niveles similares de testosterona no presentaban diferencias de tendencia al riesgo. A la pregunta de aceptar una recompensa económica garantizada o apostar por obtener un mayor premio en una “lotería” y aquellos que preferían dejarse llevar por el azar esperando tener mejor suerte fueron aquellos con testosterona más alta, generalmente hombres.

 Estos resultados demuestran la base biológica de arriesgarse profesionalmente, al tiempo que puede determinar también los mecanismos que rigen las elecciones financieras de hombres y mujeres.