La testosterona en la mujer 3 Octubre, 2009
Posted by asismedical in Medicina social.comments closed
Según un estudio de las Universidades de Chicago y Northwestern publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los niveles de testosterona, determinan el grado de riesgo que la mujer puede estar dispuesta a correr.
Ya se sabía que el nivel de esta hormona era responsable de muchas diferencias sociales y biológicas entre hombres y mujeres y que en cada sexo influía en determinados comportamientos frente al miedo, el juego o el consumo de alcohol, pero no se había sido estudiado el impacto de la testosterona en las diferencias a la hora de correr riesgos en el ámbito laboral.
En este trabajo, se tomaron muestras de saliva a más de 500 estudiantes de un master de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago para medir sus niveles de testosterona y se les realizó un cuestionario, comprobándose que el 57 % de los hombres elegirían trabajos financieros de más riesgo, como la banca de inversión o comercio, frente al 36 % de ellas. Las mujeres con los niveles más altos de testosterona se asociaban a un mayor gusto por trabajos arriesgados. En hombres y mujeres con niveles similares de testosterona no presentaban diferencias de tendencia al riesgo. A la pregunta de aceptar una recompensa económica garantizada o apostar por obtener un mayor premio en una “lotería” y aquellos que preferían dejarse llevar por el azar esperando tener mejor suerte fueron aquellos con testosterona más alta, generalmente hombres.
Estos resultados demuestran la base biológica de arriesgarse profesionalmente, al tiempo que puede determinar también los mecanismos que rigen las elecciones financieras de hombres y mujeres.
La citología 1 Agosto, 2009
Posted by asismedical in Medicina social.comments closed
Recientemente asistí a las IV Jornadas de formación en Patología Cervical y Colposcopia que se dictaron en el Hospital Clínico de Madrid y a un ilustres ponente, al terminar su exposición sobre prevención del cáncer de cérvix, le preguntaron que cuándo consideraba necesario él que una mujer acudiera a la consulta del ginecólogo después iniciarse sexualmente. Tras argumentar científicamente su respuesta, ésta fue “que después de tres años”.
Yo aún pudiendo estar de acuerdo con esta consideración, desde esta foro me pregunto y pregunto a mis colegas, cómo vamos a convencer ahora a nuestras pacientes, después cientos de campañas y años de esfuerzo en fomentar la revisión citológica anual, que ésta ya no es necesaria y que hacerla cada tres años resulta suficiente, que si conocemos la historia natural del cáncer de cuello una diferencia porcentual de entre un 2 y un 4 % en la relación riesgo-beneficio no justifica realizarla todos los años ya que ello incrementa enormemente el gasto.
Cómo explicamos que la citología no sirve para hacer lectura hormonal, para ver la correspondencia del ciclo o para valorar la presencia de infecciones del tracto genital inferior, cuando no hace mucho una paciente, no sin cierta razón a su juicio, me hacía responsable de haberle causado una enfermedad inflamatoria pélvica tras el recambio de un DIU. Cómo explicamos que la única función de la citología es poner de manifiesto lesiones precursoras o el propio cáncer de cérvix y que si quisiéramos determinar la existencia de infecciones deberíamos solicitar un cultivo.