Desde que apareció una vacuna capaz de evitar los cánceres de cuello del útero, allá en 2006, en esta columna he tratado de manteneros informados sobre lo que en mi opinión suponía un gran hallazgo científico por dos motivos; el primero, que el virus del papiloma humano (VPH) es la enfermedad de transmisión sexual más frecuente en el mundo y el segundo, que tiene una altísima potencialidad cancerígena en el aparato genital, 1.000 veces superior al resto del organismo.
Como claro defensor de la vacuna, siempre había dicho, sin embargo, que no se justificaba administrarla en aquellas personas que ya estaban infectadas por alguno de los dos serotipos oncogénicos que contienen los preparados comercializados (16 y 18), pero según los datos aportados por un reciente estudio realizado por la Universidad Médica de Viena (Austria), eso que yo sustentaba, no parece cierto.
Los investigadores administraron la vacuna a 17.000 mujeres de entre 16 y 26 años, infectadas previamente por el VPH. Estudiaron el riesgo de volver a sufrir esta enfermedad y observaron que dicho riesgo se reducía en dos tercios. Dado que las pacientes previamente infectadas suelen ser más propensas a reinfectarse, queda demostrado que la vacunación contra el VPH también las protege a ellas.
La vacuna no sólo previene el cáncer de cuello de útero, también es útil contra otros tipos de cáncer, como el carcinoma anal y además, hay datos que prueban la eficacia de la vacunación incluso en personas de más de 45 años.