Nuevas indicaciones de la vacuna contra el virus del papiloma humano

2 05 2012

          Desde que apareció una vacuna capaz de evitar los cánceres de cuello del útero, allá en 2006, en esta columna he tratado de manteneros informados sobre lo que en mi opinión suponía un gran hallazgo científico por dos motivos; el primero, que el virus del papiloma humano (VPH) es la enfermedad de transmisión sexual más frecuente en el mundo y el segundo, que tiene una altísima potencialidad cancerígena en el aparato genital, 1.000 veces superior al resto del organismo.

          Como claro defensor de la vacuna, siempre había dicho, sin embargo, que no se justificaba administrarla en aquellas personas que ya estaban infectadas por alguno de los dos serotipos oncogénicos que contienen los preparados comercializados (16 y 18), pero según los datos aportados por un reciente estudio realizado por la Universidad Médica de Viena (Austria), eso que yo sustentaba, no parece cierto.

          Los investigadores administraron la vacuna a 17.000 mujeres de entre 16 y 26 años, infectadas previamente por el VPH. Estudiaron el riesgo de volver a sufrir esta enfermedad y observaron que dicho riesgo se reducía en dos tercios. Dado que las pacientes previamente infectadas suelen ser más propensas a reinfectarse, queda demostrado que la vacunación contra el VPH también las protege a ellas.

          La vacuna no sólo previene el cáncer de cuello de útero, también es útil contra otros tipos de cáncer, como el carcinoma anal y además, hay datos que prueban la eficacia de la vacunación incluso en personas de más de 45 años.





Sobrepeso y cáncer ginecológico

1 08 2011

          Es sabida la incidencia negativa que el sobrepeso tiene sobre  la salud de las personas en general, permanentemente en los medios de comunicación oímos o leemos que la obesidad causa graves problemas endocrinológicos, digestivos, osteoarticulares, cadiovasculares, o hipertensivos, entre otros, pero lo que ya no es tan frecuentemente oír, es que “las mujeres con sobrepeso u obesidad tienen también un mayor riesgo de desarrollar un cáncer ginecológico”, incrementándose esta posibilidad hasta en un 40% según confirman datos proporcionados recientemente por el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos.

          En el tejido graso periférico se genera colesterol, y a partir del metabolismo de dicho colesterol se forman estrógenos. Esto se traduce en que la mujer con sobrepeso, además de los estrógenos que se producen en el ovario, genera una carga extra, carga que si encuentra receptores hormonales estrogénicos, bien sea en glándula mamaria, en endometrio uterino, ovario o en vagina, tendría una mayor propensión a desarrollar un cáncer en dichas localizaciones.

          Dicho todo esto, los ginecólogos deberíamos reflexionar en lo importante que resultaría educar a nuestras pacientes sobre el peso saludable e individualizar los controles ginecológicos según el peso de éstas, protocolizando la realización de analíticas con marcadores tumorales o sin ellos, mamografías o ecografías mamarias, estudios citohistopatológicos, y/o ecografías transvaginales a fin de detectar precozmente, “además de enfermedades generales”, neoplasias, y de ese modo asegurarnos poder tratarlas en estadios iniciales y conseguir mejores resultados pronósticos o la curación.








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