Antenas de móvil y cáncer

31 10 2011

          Yo se que este tema es causa de no pocos debates y pregunta frecuente en nuestras consultas y que ante cualquier nueva corriente de opinión irremdiablemente surge otra contrapuesta, pero voy a limitarme exponer los datos que recoge un importante -técnica y estadísticamente hablando- estudio realizado en Gran Bretaña por investigadores del Imperial Collegs de Londres, que ha disipado muchas dudas.

          Se analizaron 1.397 casos de leucemia, tumores cerebrales o cáncer del sistema nervioso en niños de hasta 4 años entre 1999 y 2001 y se compararon con cuatro controles de la muestra de los registros de natalidad nacional para esas fechas (5.588 niños). Después se midió la distancia entre las casas y las antenas y la potencia de emisión de campos electromagnéticos de los niños que desarrollaron cáncer y los sanos, sin que hubiera diferencias. El estudio demostró que no tienen más probabilidades de desarrollan cáncer los niños de menos de 5 año por haber nacido cerca de una antena o que puedan alterar la salud de embarazadas o fetos.

          Las evidencias epidemiológicas se apoyan además en evidencias experimentales, ya que hasta el momento no se ha demostrado ningún efecto biológico sobre la salud ni “in vivo” ni “in vitro”.

          Este estudio, el primero en centrase en los riesgo de sufrir un cáncer tras la exposición a campos electromagnéticos durante el embarazo, debería darse a conocer a nuestras pacientes a objeto de desmitificar la preocupación que supone de vivir en las proximidades de antenas de telefonía móvil.





Embarazo y alcohol

2 10 2011

          Ya sabíamos que el consumo de alcohol durante la gestación era nocivo para el embrión, primero y para el feto, después y que podía provocar serios problemas de crecimiento y desarrollo, pero según se desprende de un interesante estudio realizado recientemente en la Universidad Estatal de Nueva York (Estados Unidos), los hijos de madres que beben mientras están embarazadas podrían ser, además, más propensos al abuso del alcohol durante la adolescencia y la juventud temprana, hechos que explicarías adicciones de niños hasta en la infancia.

          Dicho estudio ha demostrado, al menos en modelos experimentales animales, que debido a que el sistema nervioso en desarrollo se adapta a lo que comen y beben las madres, la progenie de las hembras expuestas a consumo de niveles crecientes de etanol, llegan a preferir su gusto y olor respecto a la de las que no han sido expuestas y tienen una mayor tendencia a beber alcohol tras el parto o tras un tiempo después de éste.

          Los autores de estudio también apuntan la idea de que, cuando el sistema nervioso en desarrollo detecta el etanol en el fluido amniótico, se adapta de forma inconsciente a los componentes químicos de esta sustancia y que si el sistema nervioso no tiene más experiencia con la bebida durante la edad juvenil temprana, el etanol pierde su “encanto” químico-sensorial y los individuos adultos no consumen más alcohol que los no expuestos.








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